¿Por qué deben participar los cazadores en la Ley de Bienestar Animal?

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Nicolás Urbani, asesor veterinario de RFEC y ARRECAL te lo explica…

 

No debemos olvidar (y los poderes ejecutivo y legislativo tampoco) que los cazadores españoles son el mayor colectivo de propietarios de perros, hurones y aves de cetrería; pero además de instalaciones ordenadas zootécnica y sanitariamente para su tenencia como los núcleos zoológicos.

Desde la Real Federación Española de Caza, las Federaciones Autonómicas de Caza y las asociaciones cinegéticas especializadas como ARRECAL se cuenta con un equipo multidisciplinar especializado en bienestar y sanidad animal que trabaja y coopera de forma constructiva a nivel nacional con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y también a nivel autonómico con las Consejerías competentes en la materia.

Federaciones y ARRECAL han participado activamente en mesas de trabajo, consejos asesores o alegaciones, etc., para aportar sentido común y tratar de evitar un error fundamental: la humanización de los animales por imperativo legal, y por supuesto, el establecer límites a la deriva animalista en el ordenamiento jurídico.

Como pauta general se promulgan errores reincidentes y muy graves en muchos de proyectos normativos sobre protección animal, como pueden ser:

  • La caza reglada nunca puede prohibirse o recibir injerencias vía normativas de protección animal. La actividad cinegética es esencial e imprescindible para el mundo rural, los ecosistemas, la salud pública, la seguridad ciudadana, la sanidad animal… como constata la ciencia, los profesionales vinculados y las organizaciones más representativas del mundo rural.
  • La definición de maltrato animal: una situación accidental y sin intencionalidad nunca puede considerarse infracción o delito. Por ejemplo, no se debe abordar como infracción o sanción si un perro es herido en un percance de caza por el ataque de un jabalí (al igual que si se parte la pata en un paseo en el parque…).
  • Como medida “antiabandono” la prohibición de reproducción de animales fuera de centros de cría y la esterilización obligatoria, afectando severamente a la reposición particular del cazador o de las rehalas, con las consecuencias directas sobre la pérdida de biodiversidad genética de razas de perros de caza, posibles consecuencias sanitarias de las intervenciones, afecciones futuras de consanguinidad, etcétera.
  • Requisitos de instalaciones de las perreras no armonizados ni conformes a criterios científico-técnicos: actualmente las dimensiones mínimas pueden variar por comunidades autónomas para un mismo perro de 2 a 12 metros cuadrados por animal, y en comunidades como Madrid se trató de imponer la climatización de las perreras, habitualmente ubicadas en el monte, por imperativo sanitario y con los problemas pertinentes en abastecimiento eléctrico o coste económico, pese a que muchas escuelas o domicilios carecen de dicho elemento de confort.
  • La protección animal no puede anteponerse a la salud pública, la sanidad animal o el equilibrio de los ecosistemas: el ejemplo de la falta de ordenación de las colonias felinas. Más, si cabe, con la gravísima crisis sanitaria por COVID-19, se debe reestructurar la escala de valores sociales.
  • Los miembros de las asociaciones protectoras de animales, en ningún caso deben sustituir a los veterinarios de administración sanitaria, adquiriendo derechos como la presunción de veracidad, pese a carecer de cualificación o imparcialidad.

Foto: Cristóbal Gomila.

En conclusión, como veterinario desearía que se atienda la petición de la RFEC de participación y colaboración constructiva a la reciente Dirección General de los Derechos de los Animales.

Labor muy importante de y para el colectivo de cazadores, en beneficio del mundo rural y la sociedad, en general, para instaurar un ordenamiento jurídico sobre protección animal reflexivo y realista, que favorezca el bienestar animal, dejando a un lado criterios morales divergentes.

No olvidemos que, al igual que sin rehala no hay montería, sin perros no habría caza. El animalismo radical conoce este axioma y lo emplea para atacar al colectivo cinegético.

 

Por Nicolás Urbani, veterinario especialista en Producción Animal y Cinegética. Asesor veterinario de la RFEC y de ARRECAL.

NOTA:

Esta publicación es un resumen del artículo completo que puedes consultar aquí.

2020-06-05T14:10:32+02:00 5 junio, 2020|Actualidad Federativa, Artículos técnicos, Noticias|

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