La caza sostenible es la única posible

//La caza sostenible es la única posible

No existe caza sostenible, si se mantienen las poblaciones con animales de granja

 

ANTECEDENTES.- Vamos a dar unas pinceladas sobre la Caza Sostenible, un concepto cuyo fin es la conservación de las especies como recursos naturales renovables y con el que estamos sensibilizados muchos cazadores. La caza debe ajustarse siempre a los requerimientos de la conservación. Antes de nada vamos a enumerar a grandes rasgos los pasos históricos dados para la puesta en escena de la sostenibilidad que es hoy una expresión bastante al uso.

He leído recientemente un texto muy interesante y de profundidad científica (Covisa, J. “Caza sostenible”. Fundación Caza Sostenible. 2015) donde entre otros muchos temas de calado técnico sobre la caza sostenible, relaciona los hitos históricos de estos conceptos de la conservación.

El concepto de uso sostenido o sostenible nació en 1713 dentro de la silvicultura y ya estuvo perfectamente definido en el siglo XIX para los aprovechamientos forestales; posteriormente, en ese mismo siglo XIX se aplica el concepto de sostenibilidad de los bienes naturales a la pesca comercial y ya en el siglo XX se considera para el resto de recursos naturales renovables bióticos, basándose en los conocimientos y teorías de diferentes investigadores. Nace en 1948 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) que inicia investigaciones sobre medio ambiente y como consecuencia, ya en la segunda mitad del siglo XX es cuando se empieza a tomar conciencia por instituciones internacionales sobre la problemática medioambiental que tiene la humanidad. Cita Covisa las etapas que ha recorrido el concepto de uso racional de los bienes naturales y entre esos hitos importantes señala la Convención de Ramsar (1971) que trató sobre los humedales utilizados por las migratorias. El Club de Roma (1972) de donde yo recuerdo que advertían que el uso desbocado de la energía fósil (petróleo) no era sostenible pues acabaríamos con las reservas del planeta en 25 años, ya que la población mundial íbamos camino de plaga.

Posterior fue la Conferencia de Estocolmo y sus siguiente reuniones (1972 y 1973), donde piden los derechos del lobo a existir en su estado natural ─con esto estábamos de acuerdo─ cuando había desaparecido ya de toda Europa menos Rusia y España y cuando en Suecia no quedaban más que 20 lobos, a pesar de sus grandes poblaciones anteriores. En 1979 se acuerda el Convenio de Berna, que aprobamos en España en 1986, donde se relacionaban entre otros, los métodos de caza prohibidos. De 1979 es la conocida como Directiva de Aves 79/409/CEE, transcendental para la conservación de las aves que tiene ahora versiones más recientes. Además de otras manifestaciones mundiales como la Estrategia Mundial para la Conservación de la Naturaleza (1980) de la UICN, tienen especial relevancia la Conferencia de Río de Janeiro (1992), donde ya se aprueba el concepto de Desarrollo Sostenible, y la importante Directiva 92/43/CEE de Hábitats. Posteriormente y hasta nuestros días se citan diferentes resoluciones y directrices mundiales de la UICN, que expone en su texto el autor de “Caza Sostenible”.

DESARROLLO SOSTENIBLE.- El uso irracional de los recursos naturales amenazaba el futuro de la humanidad y esto hizo saltar las alarmas hace unos años. La concienciación medioambiental había puesto de moda un nuevo concepto: el de sostenibilidad, que es un precepto considerado imprescindible en esta sociedad, pues representa la única posibilidad de que esta generación utilice los bienes renovables, como la caza, haciendo un uso prudente de ellos y que puedan utilizarse por siguientes generaciones.

Este concepto de la sostenibilidad fue introducido por la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo en la conferencia de Rio de Janeiro, como hemos citado, para salir al paso de la confusión que había en la sociedad entre desarrollo y crecimiento. Más de 160 gobiernos consideraron que en ese momento de la historia era imprescindible conciliar las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y de las futuras. Acordaron que había que abordar ese objetivo globalmente para poder asegurar el llamado desarrollo sostenible que se define como “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de ese bien natural renovable para mantener las necesidades de las generaciones futuras; que no amenace la viabilidad y desarrollo de otros bienes dependientes o relacionados con los aprovechados; y que no ponga en peligro la estabilidad del ecosistema en el que se desenvuelven los bienes naturales manejados”.

LA CAZA SOSTENIBLE ES LA ÚNICA POSIBLE.- Si en la definición última de desarrollo sostenible ponemos el nombre de las especies de caza, en lugar del ‘bien natural renovable’, que hemos utilizado, tendremos concretado el concepto de caza sostenible.

Según recoge Covisa, la Carta Europea sobre Caza y Biodiversidad, realizada por el comité permanente del Convenio de Berna ─formado entre otros por la UE, el CIC, la FACE y por la propia Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, (UICN)─ para dar soluciones a la problemática del medio ambiente, considera que ‘la caza, como uso de los recursos silvestres, si se lleva a cabo de manera sostenible ayuda a conservar el potencial de la diversidad biológica para satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras, así como al mantenimiento de la actividad aceptada social, económica y culturalmente. Así mismo, puede contribuir positivamente a la conservación de las poblaciones silvestres y sus hábitats y también beneficiar a la sociedad’. Este reconocimiento por la UICN es un marchamo para caza, avalado por la entidad conservacionista de mayor categoría mundial.

LAS LEYES DE CAZA ESPAÑOLAS PLANTEAN LA SOSTENIBILIDAD.- En los dos textos que he leído recientemente sobre este asunto no he visto ninguna referencia concreta sobre nuestra veterana ley de caza, que también preconiza la ‘caza sostenible’ ─aunque no utiliza esa expresión en concreto─ cuando habla de fomento y ordenado aprovechamiento de la caza.

La Ley 1/1970 de 4 de abril, de caza de España, aún en vigor en algunas CCAA, ya apuntaba sensibilidad y maneras. Su artículo primero: Finalidad de la Ley, dice. “La presente Ley regula la protección, conservación y fomento de la riqueza cinegética nacional y su ordenado aprovechamiento en armonía con los distintos intereses afectados”. La caza es una actividad extractiva que aprovecha unos bienes naturales renovables que da la naturaleza cada año, como son las especies cinegéticas. “Hay que aprovechar los intereses del coto y mantener intacto el capital” se oía decir hace ya cuarenta años a los cazadores sensatos. Los Planes de Ordenación y Aprovechamiento Cinegético (POC) ya fueron reglamentados por esta vetusta ley de caza (Artículo 17.7 del reglamento). En pureza, el cumplimiento de la Ley requería no solo el mantenimiento, sino el fomento de las especies; concluyendo: ordenaba su sostenibilidad. Y todo esto veinte años antes de que nos lo n recordaran y concretaran las máximas autoridades mundiales de la conservación. La sostenibilidad es un precepto considerado imprescindible en el desarrollo de esta sociedad y lo hemos adaptado con gusto y sin ambages en el mundo venatorio. Ahí están las diferentes leyes de caza de las comunidades autónomas que obligan a ejercer la caza sostenible, de manera que garantice la conservación y el fomento de las especies.

LA CAZA MANTENIDA POR ESPECIES DE GRANJA Y LA QUE SE PRACTICA SOBRE ESPECIES MUY ABUNDANTES SON INSOSTENIBLES.Covisa escribe con certeza sobre “la caza sostenible, como única posible”:El concepto de sostenibilidad en la caza ofrece varias posibilidades de profundización. Por un lado la concepción más generalizada, la que afecta al aprovechamiento sostenible de las poblaciones cinegéticas al ser cazadas, entiende que es sostenible la utilización del recurso que suponga cazar solo una parte de la población, su excedente o incremento, dejando intacta la población como conjunto en su capacidad de mantenerse indefinidamente en el tiempo”. Continúa Covisa: “Pero eso no es lo único. Debe haber también otros parámetros que garanticen que ese mantenimiento de las poblaciones en el tiempo procura poblaciones sanas, silvestres, viables como tales por si solas; a la vez que sus hábitats se conservan igualmente en estado de satisfacerles por si mismos todas sus necesidades. Eso implica que la población se mantenga pura (genética), sea silvestre (no ganadería), mantenga el carácter silvestre para la supervivencia y la defensa, etc.” La caza artificial es un modelo de caza insostenible, porque los  gestores la manejan como una ganadería y en esto coinciden varios autores. Concretando: No existe caza sostenible si se mantiene esa posibilidad de caza con animales de granja. Y en esto estamos muchos cazadores totalmente de acuerdo.

Entiendo yo que la sostenibilidad tampoco se consigue en dos situaciones cinegéticas bastante generalizadas. Una es la de las poblaciones muy escasas que aunque se practique una caza mesurada, incluso si vedamos los cazadores, no pueden progresar y más doloroso aun, las que no se han cazado en los últimos cuarenta y cinco años porque están protegidas, pero abocadas al exterminio por los efectos y agresiones del medio. Y hay otra situación de caza insostenible que se produce cuando las poblaciones (jabalí, torcaz) son tan abundantes, cinegéticamente hablando, que aun cazándolas al límite alto de las posibilidades van camino de plaga con los peligros que eso conlleva. Hay, por tanto, casos de insostenibilidad por exceso y por defecto de capturas.

LAS MIGRATORIAS PLANTEAN PROBLEMAS DE INSOSTENIBILIDAD.- Otro texto reciente, el “Libro blanco de la caza sostenible.- El sector cinegético en el siglo XXI” (© Consultora Kerétaro. 2015) que incide con solvencia sobre la caza sostenible, toca el tema de las migratorias, que son todas aves de caza menor. Apuntan en este texto que ciertas migratorias al no criar en España no están influenciadas por la mala situación actual de acogida del campo español para las especies sedentarias, debida a la actividad agraria que ha requerido concentraciones parcelarias que han eliminado linderos, con charcas desecadas y arroyos encauzados, además de semillas tempranas, mecanización rápida, plaguicidas, etc., sin olvidarnos nunca de la climatología, que siempre depende del cielo. Se cita en el Libro Blanco que para este caso de las migratorias la única gestión que puede aplicarse por el mundo de la caza es sobre el cupo de capturas, pero nada sobre la calidad del hábitat idóneo para su reproducción. La torcaz multiplica cada temporada sus poblaciones autóctonas y lo mismo las migratorias.

El inconveniente más grave para la sostenibilidad de la caza de migratorias es la inexistencia de censos, pues sin conocer el número de las que entran y salen de un país, u otro territorio, es imposible contrastar cómo evolucionan las poblaciones cada temporada, para saber cómo debemos actuar sobre ellas. Tenemos datos bastante exhaustivos sobre la codorniz por el proyecto de anillamiento de machos que durante diez años 2002-2011 se hizo por FEDENCA y que ahora sigue impulsando la Federación de Caza de Castilla y León para anillamiento de hembras. También tenemos sobre la becada algunos datos de la crianza en sus territorios de reproducción gracias al CCB, y tenemos datos de densidades por los programas de caza de ese club. Pero hay escasos datos sobre otras migratorias muy cinegéticas, como son los zorzales y habría que ampliarlos. Los datos sobre tórtola son muy negativos, pero no es por culpa de la caza, como está escrito. Los biocidas y ciertas actividades, no las armas, van a acabar con muchas especies, tal y como apunta el ‘Libro Blanco de la Caza sostenible’.

 

José Luis Garrido Martín

Presidente honorífico de la Federacion de Caza de Castilla y León

Director honorífico de la Escuela Española de Caza

Ex director general de FEDENCA

2017-06-23T11:57:33+00:00 2 marzo, 2017|Artículos técnicos|

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