Lo que está extinguiéndose no son los lobos, son los ganaderos

//Lo que está extinguiéndose no son los lobos, son los ganaderos

diariodevalladolid.es / AITOR FERRERO

Los ganaderos y las asociaciones agrarias difieren sobre cómo regular la convivencia con el animal

José Manuel tiene setenta cabezas de vacuno que pastan en territorio lobero, en concreto, en las tierras de Rioscuro de Laciana, un pequeño municipio de León, la segunda provincia con más manadas de la Comunidad. «Yo nunca he tenido problemas con el lobo, pero tengo amigos, sobre todo al sur del Duero, que están en la situación contraria», manifestó a este diario el ganadero para, después, reconocer la posibilidad de que parte de esa ausencia de ataques se deba a que el lobo pueda cazarse en su territorio.

«Esto es una lotería», definió José Manuel, que abogó, ante todo, por prevenir los ataques en la medida de lo posible mediante el control de los partos de las reses –momento que atrae con especial intensidad a las manadas– y la utilización de perros mastines, entre otras actuaciones. «No me arriesgo a dejar al ganado suelto sin los perros», aseguró el leonés, que reconoció que mantener a los mastines puede suponer un importante coste anual, que cifró en torno a 500 euros por perro, y reclamó a la Administración que centre sus ayudas en la prevención y no actúe sólo cuando el daño ya se haya producido.

También comparte esta opinión Santiago, que cuenta con más de un millar de cabezas de ovino en Zamora, la zona con más ataques de lobo de la Comunidad. «Mi abuelo convivió con lobos, mi padre también y a mí me pasa igual», señaló el zamorano, que señaló las medidas preventivas como la mejor forma de evitar ataques y reclamó a la Administración que ayude en esa línea.

La provisión de mastines a los pastores es una de las medidas contempladas en el Plan de Conservación y Gestión del Lobo de Castilla y León aprobado por la Junta hace un año, pero su alcance es limitado al exigir la Administración, para llevarlo a cabo, que los afectados corroboren «la carencia de medios materiales o humanos para llevar a cabo el control», según reza el decreto regulador del Plan.

Precisamente, la «excesiva» burocracia es uno de los principales problemas a los que tradicionalmente se han enfrentado los profesionales del campo al solicitar las ayudas por ataques de lobo, ayudas que sólo contemplan tanto el daño real como el lucro cesante –lo que hubiesen ganado si los animales no hubiesen muerto– para las provincias del sur del Duero y que, tradicionalmente, se demoraban, aunque el pago se ha acelerado en el último año hasta situarse en 23 días desde la presentación de la solicitud, según datos de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente a fecha de mayo.

Desde las asociaciones agrarias, la opinión es unánime. «El lobo ha pasado de ser una especie en peligro de extinción a estar masificada», señaló el presidente regional de Asaja, Donaciano Dujo, que indicó que su «excesiva» presencia «perjudica la economía y al medio rural de Castilla y León». También en esta línea se manifestó Aurelio González, de UPA-COAG, que arremetió contra la proposición para instar al Gobierno a declarar al cánido como especie protegida y la achacó a razones electorales. «Lo que está extinguiéndose no son los lobos, son los ganaderos», concluyó.

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2017-06-25T19:02:21+00:00 29 mayo, 2017|Actualidad cinegética|

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