abc.es/ MANUEL GALLARDO, PRESIDENTE DE LA REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE CAZA
El 28 de mayo nos dio la razón sobre lo perjudicial que es no defender al mundo rural y llevar adelante políticas animalistas que nadie comparte o ni siquiera entiende, y que solo benefician a una minoría que vive de criticar, demonizar y criminalizar a colectivos, como el cinegético, que han demostrado su compromiso con la defensa del medio natural y su aportación al desarrollo y mantenimiento de nuestros pueblos
El 28 de mayo nos dio la razón sobre lo perjudicial que es no defender al mundo rural y llevar adelante políticas animalistas que nadie comparte o ni siquiera entiende, y que solo benefician a una minoría que vive de criticar, demonizar y criminalizar a colectivos, como el cinegético, que han demostrado su compromiso con la defensa del medio natural y su aportación al desarrollo y mantenimiento de nuestros pueblos.
Ciertamente, la campaña autonómica se desarrolló en clave nacional, dio igual que en diferentes territorios se realizara una aceptable gestión. El peso de las políticas surgidas del Congreso de los Diputados lastró sin duda a los candidatos no urbanos y también, aunque a algunos le pueda sorprender, a las candidaturas urbanas. Solamente hay que analizar los resultados en las grandes capitales de provincia.
La cuestión más relevante de estas elecciones autonómicas y municipales ha sido el desplome de Podemos. La formación morada ha dilapidado el enorme capital que los españoles le dieron hace cuatro años y se ha convertido en un partido desagradable y antipático. Tan antipático se ha vuelto, que han tenido que inventar otro nombre para los mismos perros, pero con distintos collares y ahora le llaman Movimiento Sumar.
Pero Sumar no es un proyecto social ni colectivo, es simplemente una suma de perdedores que necesitan un acomodo electoral para no perder su forma de vida por otro lado, bastante cómoda, instalados en la crítica feroz a aquellos que no comulgan con sus ideas.
El sector cinegético ha sufrido innumerables ataques de la parte animalista también del partido socialista, el Ministerio de Transición Ecológica, que no ha entendido nada y ha colaborado al descrédito de las políticas de conservación que ha promovido, generando problemas sociales como la gestión del lobo y otras iniciativas nefastas, como los intentos de prohibir la caza de la codorniz.
El resultado en los comicios autonómicos no ha dejado lugar a dudas, los radicalismos animalistas y conservacionistas no son bien recibidos por la mayoría de la población española, ya que sus consecuencias son totalmente negativas para nuestro medio natural y desarrollo rural. Ya nadie cree que lo mejor para el entorno donde vivimos sea prohibir continuamente los usos y costumbres tradicionales, ni poner a los animales por encima de los derechos de las personas, porque lo que esconde esa política no es otra cosa que limitar las libertades individuales y colectivas.
Ahora nos embarcamos en una nueva cita electoral fijada para el 23 de julio, donde la caza volverá a las urnas, y será una parte de la sociedad decisiva para la victoria o la derrota. A nadie se le escapa que tres o cuatro millones de votos escorarán la balanza a un lado u otro. Nosotros nunca diremos a quién hay que votar, pero sí pondremos de manifiesto quien está en nuestra contra, luego que cada uno de decida el color de su papeleta.
