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Foto- FAC
Las sociedades de cazadores se afanan en los meses de más calor para mantener llenos bebederos y comederos en los que la avifauna combate los rigores del verano
Son apenas las 11 de la mañana y el mercurio ya alcanza los 41 grados. Después de casi toda una noche guardando las perdices y unas pocas horas de sueño, Domingo y Benito se desplazan por los acotados de la Sociedad de Caza de Lebrija con la cuba de 1.500 litros de agua con la que a diario rellenan los 150 bebederos instalados por los cazadores para ayudar a la avifauna a combatir los rigores del verano ante la falta de agua y alimento.
A su paso con la cuba por cada uno de los bebederos, el todoterreno de los guardas levanta bandos de perdices, conejos, aves protegidas, insectos y reptiles que ven «usurpada» temporalmente el único lugar donde la vida es posible debido al calor insoportable y la falta de recursos.
Sociedad de Cazadores de Lebrija gestiona en total 15.600 hectáreas. De ellas, 10.000 son de marisma y se encuentran en el entorno de Doñana, concretamente en la orilla oriental del Guadalquivir al sur del Brazo del Este, un paraje natural que se ha convertido en un refugio vital para las especies que huyen de Doñana por el agotamiento de sus reservas hídricas y que se considera un paraíso ornitológico que alberga multitud de anátidas, rapaces y migratorias de verano e invierno como la garza imperial, ánades azulón y rabudo, pato cuchara, cerceta, calamón, rascón europeo, polluelas pintonja y bastarda, gallineta, avetorillo, garcilla cangrejera o cerceta pardilla entre otras.
El estado de conservación de Doñana se ha convertido en un tema de rabiosa actualidad desde que el pasado 12 de abril el Parlamento Andaluz diera luz verde a la tramitación de la proposición de ley presentada por PP y Vox para ampliar los regadíos en Doñana, que reconocería como agrícolas unas 800 hectáreas de La Marisma.
El enfrentamiento político, con el telón de fondo de las pasadas Elecciones Municipales 28 de mayo y la convocatoria vigente de Elecciones Generales para el próximo 23 de julio, ha situado a Doñana en el foco de los medios a nivel nacional y en el centro de una batalla política por apropiarse la bandera de la protección del espacio natural protegido más importante de Europa.
Lejos del conflicto
Más allá del conflicto y de la fugacidad de noticias e informaciones que ahora se sitúan en la agenda de los grandes medios de comunicación, quienes realmente viven, protegen, gestionan y conservan esta encrucijada clave para las rutas migratorias de aves entre el continente africano y el europeo, y último refugio para numerosas especies en peligro de extinción, llevan años alertando del declive de Doñana y luchando con sus propios recursos contra él.
Ejemplo de ello son los cazadores de La Marisma de Huelva, Cádiz y Sevilla, que en el entorno de Doñana invierten ingentes esfuerzos, trabajo y recursos en gestionar y mejorar hábitats fundamentales para la avifauna de la zona, bien sea cinegética o protegida. Es el caso de la Sociedad de Cazadores de Lebrija (Sevilla), que junto a las tareas vinculadas a la gestión cinegética de sus terrenos de caza en la zona de marisma y campiña, cuentan como zona de reserva de sus acotados con la Balsa de don Melendo, que ante la falta de recursos hídricos se configura como un importante reservorio hídrico para multitud de aves acuáticas protegidas.
Precisamente, esta laguna artificial que entró en funcionamiento en el año 2003 para regulación y almacenamiento de agua destinada al regadío y que forma parte de la zona de reserva para los cazadores lebrijanos, fue el escenario donde el pasado año se produjo una reintroducción de Cerceta Pardilla impulsada por la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente a través de un programa Life, y en la que participaron esta sociedad de caza sevillana y la propia Federación Andaluza de Caza.
En una jornada de trabajo normal durante los meses de más calor, los guardas de la Sociedad de Cazadores de Lebrija reparten hasta 3.000 litros diarios de agua en los bebederos, muchos de ellos fabricados por ellos mismos, instalados en el coto.

Sequía y restricciones
«Esta es una tarea que hacemos todos los días de lunes a viernes, no podemos faltar porque los animales ahora no encuentran agua por ningún sitio y tener los bebederos llenos es la única manera de que puedan sobrevivir a esta ola de calor» explica Domingo, guarda de la sociedad lebrijana desde hace más de 17 años.
Para realizar esta importante tarea, la Sociedad de Cazadores de Lebrija invierte recursos, humanos y materiales, propios que destina a una labor que consideran fundamental: «este trabajo diario de nuestros guardas supone que en un mes de altas temperaturas como éste llevemos al campo aproximadamente unos 60.000 litros de agua para que la fauna pueda combatir la sequía» explica José Antonio Monge «Niño», presidente de los cazadores lebrijanos.
Precisamente, la sequía y el cambio climático, ahora muy presentes en la agenda de los grandes medios de comunicación, llevan muchas décadas preocupando a quienes realmente viven, protegen, gestionan y conservan Doñana.
Frente a los grupos ecologistas y movimientos anticaza que piden restricciones para la actividad cinegética debido a la sequía, los cazadores andaluces del entorno de Doñana piden confianza en su capacidad de autogestión, así como en las labores que realizan para mejorar y conservar los hábitats.
«Los cazadores de la marisma llevan muchísimas décadas viviendo por y para la marisma. Son los primeros interesados en que el entorno de Doñana mantenga y mejore su estado de conservación y entienden la caza como el aprovechamiento de un recurso renovable» explica Fernando Gutiérrez, delegado provincial de la Federación Andaluza de Caza en Sevilla, quien añade que «apuntar a la caza como parte de un problema estructural mucho mayor y prolongado en el tiempo, como la intervención y modificación de la marisma, y limitar la caza o prohibirla en este entorno sólo provocaría que se pierda aún más el interés de conservación por parte de un colectivo que ha sido referente en la protección de Doñana».
Testimonio de esta afirmación es el libro «La mítica Marisma de Doñana… y sus patos», del doctor Antonio Rodríguez y publicado por Editorial Palitroque. Esta obra, que se plantea como el estudio de un diario de caza, revela el excelente estado de conservación de la finca Las Nuevas -en plena marisma- hasta que en 1973 se produjo la intervención de la Administración Pública, momento en que comenzó su declive.
Las causas del declive
Precisamente, el intervencionismo de la Administración y el excesivo proteccionismo se sitúan en el libro de Rodríguez como la principal causa del declive de multitud de acuáticas cuyo avistamiento y disfrute hoy en la marisma es imposible.
Empleada como campo de batalla por políticos en plena campaña electoral, la Marisma de Doñana se ahoga lentamente esperando que las decisiones y soluciones de conservación partan de quienes llevan años haciéndolo en silencio y desde el terreno.
