diariodeleon.es/ MARÍA CARRO
La Junta delega en ellos la solución pero se cierra en las esperas y cazas selectivas provisionales
«Las esperas son un medio pero insuficiente. En otras comunidades autónomas se permiten las sueltas de perros que ayudarían a alejar a los jabalíes varios kilómetros de las viñas. También suplementar su alimentación, esparciendo comida para crear nuevas zonas de alimentación por las que tengan querencia. Hace falta más limpieza en el monte y de las fuentes para que los animales tengan donde beber. Y no estaría de más ayudar a los viticultores para la instalación de pastores eléctricos», explicaron fuentes del citado coto de caza, desde donde aseguraron que no está habiendo una «invasión de jabalíes», sino que estos no tienen alimento y para poder comer recurren a lo que hay, que es uva.
Otro de las problemas de la caza selectiva es que, en algunos casos, se produce a escasos metros del pueblo y esto genera reticencias entre los vecinos y los propios cazadores. «Algunas parcelas están a 150 o 200 metros del casco urbano», explicaron desde el coto de caza de Cubillos, donde dos cazadores se encargan cada noche del control selectivo en las parcelas autorizadas. Otro problema aquí es que «los jabalíes se resguardan en los terrenos de la central térmica» y eso es suelo privado al que los cazadores no pueden acceder. «Está comprobado que vienen y vuelven de ahí, pero no podemos hacer nada», lamentaron.
