heraldodiariodesoria.es/ Milagros Hervada
Foto- MARIO TEJEDOR
El gusano de la nariz, como lo llaman los cazadores, ha mermado la cabaña más de un 50% en zonas de la Reserva de Urbión. Algunos ayuntamientos del noroeste de la provincia ya notan la caída de la rentabilidad
Sigue habiendo muchos pero cada vez son menos. Los corzos tienen las de perder frente a la mosca Cephenemyia stimulator, que deposita sus huevos en las fosas nasales del mamífero y las larvas acaban instalándose causándoles problemas respiratorios –dejan de alimentarse–, déficit de olfato y por ende los convierte en más vulnerables ante los depredadores.
En Soria la enfermedad está presente sobre todo en la zona noroeste, de hecho se especula con que la mosca se desarrolla mejor en ambientes arbóreos, y eso provoca una disminución de la cabaña, de más del 50% en algunos de los cuarteles en que se divide la Reserva de Caza de Urbión, de más de 100.000 hectáreas. La consecuencia más directa, además del evidente perjuicio para la especie, es un descenso de los ingresos generados por la caza, ya que la enfermedad no sólo afecta a la cantidad, también a la calidad, pues no hay que olvidar que el mundo del cazador se mueve por trofeos y también es un importante recurso de atracción de visitantes
Por otro lado, a menor población de corzos, menos siniestralidad de tráfico por irrupción de animales en la calzada, y del mismo modo, también disminuyen los daños en los cultivos que causan estos cérvidos, objeto de las pérdidas económicas y quejas del sector agrario.
Desde la Federación de Caza de Soria indican que hay ayuntamientos «muy afectados» por que se han reducido sus ingresos en los cotos. «Hay acotados en los que cuesta mucho sacar rentabilidad. Si disminuye la cabaña cinegética, lo hace también la rentabilidad», explica el presidente de dicha Federación, José Manzano, que habla de municipios afectados no ya sólo en el noroeste de la provincia sino también en la zona de El Burgo de Osma. Ya hay ayuntamientos cuyas subastas de cotos se están quedando desiertas por este motivo y eso conlleva pérdidas económicas importantes. Manzano confirma que «casi todos los corzos que se abaten están con el gusano».
La Fundación Artemisan y la Asociación del Corzo Español organizaron a principios de mes, en Valdeavellano de Tera, un encuentro en el que participaron más de 30 técnicos de administraciones de 10 comunidades autónomas para abordar la situación del corzo en España. Lo que está pasando en el norte de Soria es lo mismo que sufren los animales también en Galicia y Asturias, donde la presencia del corzo va disminuyendo.
El comportamiento de la enfermedad implica que a mayor densidad, mayor afección, por lo que el exceso viene a diezmar a la especie notablemente.
«Hay una reducción significativa», destaca Carlos Sánchez, director de Investigación de la Fundación Artemisan, aunque también deja claro que «partimos de poblaciones muy altas», por lo tanto, en algunas zonas se puede seguir hablando de «sobrepoblación». De hecho, es frecuente encontrar ejemplares en las proximidades de la ciudad, no ya sólo en Los Royales, también en las márgenes del camino que enlaza el barrio del Calaverón con el río. Los expertos evidencian que los corzos, como otros animales, se han acostumbrado a la presencia del hombre y cada vez se acercan más a él.
El director de Investigación de Artemisan matiza que la enfermedad de la cefenemiosis parece el factor principal que está detrás de la disminución del número de corzos, sobre todo en la parte norte de Soria, pero también se contemplan otros importantes, como el hecho de que se cacen más machos que hembras, lo que provoca un desequilibrio en la especie. «Científicamente está demostrado que cuando diriges la caza a los machos, se crea un desequilibrio y las hembras producen menos descendencia, por eso es importante cazar igual número, aunque eso no suponga el mismo trofeo», apunta Sánchez, quien matiza que es responsabilidad de todos, de las administraciones que fijan los cupos, y de los cazadores a la hora de cumplirlos.
Por lo general, sí se cumplen, reconocen en la Federación de Caza, que estiman que en total se abaten unos 6.000 ejemplares al año en la provincia, en una relación de dos hembras por cada macho, porque así lo marcan los planes técnicos que pretenden equilibrar la población. De hecho, la Junta de Castilla y León habilitó un periodo desde enero a finales de febrero para dar tiempo a cumplir con los planes, para abatir más hembras.
Pero la realidad es que la caza del corzo está bajando, sobre todo por ese descenso en la calidad, «ya no es medallista, puede ser bronce…», pone como ejemplo Manzano. La valoración de los trofeos de corzo se realiza mediante un sistema métrico oficial aprobado por el Consejo Internacional de la Caza (CIC). El proceso evalúa el peso, volumen, longitud de las cuernas y factores estéticos (como el color y las rosetas) para determinar si alcanza el nivel de medalla de bronce, plata u oro.
Lo que se paga, de media, a los cotos por el derecho a abatir un corzo va entre los 1.000 y 1.500 euros para los machos –trofeo–, sólo 50 euros en el caso de las hembras. «Casi todo lo que se caza tiene el gusano de la nariz», aclara el presidente de la Federación sobre lo que ocurre en la parte norte, «quizá porque la mosca está relacionada con zona arbolada», añade.
Precisamente, desde la Fundación Artemisan y la Asociación del Corzo Español preparan un proyecto sobre el comportamiento del parásito para tratar de atajar la enfermedad. Pretenden realizar un análisis en el laboratorio, a través de las feromonas del corzo, y determinar lo que atrae a las moscas a dejar sus huevos en las fosas nasales del cérvido.
Buscan financiación para ello, pero ya están trabajando en buscar soluciones a la enfermedad, gracias a la colaboración de la Junta de Castilla y León, más concretamente las torretas de incendios donde ya efectúan un control de las moscas, que se concentran en puntos altos. La iniciativa comenzó en Soria, donde fueron pioneros, y se extiende al resto de provincias. El objetivo es realizar cajas trampas donde se concentran las Cephenemyia stimulator para reducir su presencia y de ese modo atenuar los efectos de la enfermedad sobre los corzos, como indicaron desde la Fundación Artemisan y la Asociación del Corzo Español.
El encuentro celebrado en Valdeavellano de Tera puso de manifiesto que el corzo es «más productivo» en otros países de Europa, donde se caza hasta el 30%, cuando en España no llega al 10%. «Aquí se caza por debajo de las posibilidades, hemos desaprovechado ese recurso», indican desde la Fundación Artemisan y la Asociación del Corzo Español, donde sostienen que han sido muchos los años de sobreabundancia y se ha sido «proteccionista» cuando se podría haber cazado mayor volumen de corzo. Señalan, además, que los cupos que fijan las administraciones no se cumplen, se quedan por debajo, sobre todo en hembras.
Durante la reunión para abordar la situación del corzo en España, que evidenció las altas tasas de parasitismo asociadas, se propusieron una serie de medidas para mejorar la conservación de la especie como la implantación de un sistema de monitorización que permita el seguimiento de la especie de forma continuada y comparable a nivel nacional, así como el registro telemático unificado de capturas con el objetivo de evaluar el grado de cumplimiento de un plan de gestión con implantación gradual.
Asimismo, los diferentes técnicos apostaron por un control efectivo de densidades con flexibilización de cupos, incentivación de caza de hembras, adaptación de periodos de caza y adaptación de las modalidades. Al mismo tiempo, defendieron la implantación de cupos ajustados al 30% de la población censada y diferenciados por clases de edad (caza de juveniles y macho).
Finalmente, abogaron por incrementar el conocimiento del estado sanitario de las poblaciones a nivel nacional, por un mayor grado de auto gestión y flexibilización en función de la realidad de cada territorio y por la formación continua para cazadores y gestores con el objetivo de asegurar la buena salud de la especie en el territorio nacional.
